A las nueve de la mañana, hora inhumana para ser despertada, mi madre, entra en mi habitación con intención de que me levante y haga algo productivo. Lo consigue, Bueno, no. Vale, a medias. Me hace cosquillas en los pies hasta que no puedo esconderlos y encogerme más, entonces me quita el edredón y suelta un energético "QUINTO LEVANTA TIRA DE LA MANTA". Así, me quedo unos minutos en la cama dejando que el sol termine de despertarme, dejo que acaricie mi piel y que la suave brisa de la mañana se cuele por mi ventana.
Voy a la cocina, el desayuno está servido, leche, tostadas, un plato con fresas, cereales... y el pan nuestro de cada día; una discusión protagonizada por las dos divas que viven bajo este techo; mi madre y mi hermano. Los gritos se apoderan de la casa, una vez más. Yo sigo con mi desayuno tranquilamente. Si abro la boca, me llevaré de regalo algún "cállate niñata" o un "Alicia, no te metas". Así que ahí estoy yo en medio de un festival de malas maneras, mojando mi bizcocho en la leche. Miro hacia la izquierda, hay un cartel amarillo que reza "en comidas y cenas, no más tensión". Me da un poco de pena, a él, como a mi, no le hacen caso. Por fin se van dando un portazo, dando paso al que tiene que ser un día de productividad, academicamente hablando.
Obviamente, voy directamente al ordenador, no sin antes prometerme que solo voy a estar en internet quince minutos. Me hace gracia que me siga haciendo este tipo de promesas cuando sé perfectamente que no las voy a cumplir. Pero bueno, mi madre sigue jugando a la lotería aunque sepa que no le va a tocar, así que qué mas da. Así no me siento culpable conmigo misma por no hacer lo que debería. Cuando me he querido dar cuenta eran las once. Casi dos horas perdidas. Después de mucho procrastinar, he sido capaz de sentarme en la silla azul que corona mi mesa de estudio, sacar a Marx de la mochila y enzarzarme en una lucha para la comprensión de por qué debemos vivir en una sociedad comunista y no capitalista, para que después venga Nietzsche y mate cualquier atisbo de fe que pudiera quedar en una adolescente como yo.
Desisto. Vuelven mi madre y mi hermano. Este último entra dando voces, le suelto un "¡cállate! tengo que estudiar" a lo que responde con un ingenioso "puta pesada eres". En el fondo nos queremos. En el fondo del mar, con un ancla atada al pie, pero nos queremos.
Después de rendirme y sacar la bandera blanca a Marx y Nietzsche, nos recoge mi padre. En el coche no se oye nada más que el Sweet Child O' Mine en la radio. Un silencio incómodo se apodera de nosotros. No vemos a papá desde antes de Semana Santa y la última vez que le vimos, se podría decir, que no estaba en sus cabales. Al llegar un olor a salsa de espaguetis y costillas al horno nos hipnotiza. Comemos, hablamos, está mi abuela, que nos da su "paguilla", nos dice lo mucho que nos quiere, y lo débil que está. Se sienta en el sofá delante de la puerta de cristal que da al jardín, mientras espera a que su rey, un petirrojo que viene a verla desde hace tiempo, se pase para darle unas miguitas de pan.
H y yo nos sentamos en el otro sofá, me habla de Málaga, del trabajo, del verano, de Darko. Ha crecido mucho, ahora es un adolescente lleno de hormonas del tamaño de un tigre mediano. Me enseña fotos, es tan rico. Hablamos de vestidos y de cosas irrelevantes, pero que sientan bien.
El reloj de pared da las cinco. DONG, DONG, DONG, DONG, DONG. Consigo vencer a la pereza que se había instalado en mi cuerpo. La historia de España parece ansiosa por que la estudie. Sin embargo, en ese momento mi cabeza no se queda en España con Alfonso XIII o Primo de Rivera.... No, se va a Brasil. A un paraíso tropical en el que me espera mi príncipe. Él que me quita el sueño por las noches, que es dueño de mis fantasías... Pero mi dulce sueño no dura mucho, ya que en seguida nos volvemos a casa. Me propongo seguir estudiando, y lo cumplo. En realidad, no. Lo he intentado, pero cuando me doy cuenta llevo cuatro páginas leídas y no tengo ni la más remota idea de lo que ha ocurrido en los apuntes.
Me duele la cabeza, estoy cansada, quiero dormir, pero aún tengo que repasar historia. Me ducho e intento despejar la mente. Quiero salir a tomar el aire, pero no tengo tiempo ni para eso. Lo cual es irónico, ya que estoy usando una gran parte de mi tiempo de estudio en escribir esto. Eso amigos, ha sido mi día e hoy, estoy agotada y no he hecho casi absolutamente nada.
Ya me voy, que hablo mucho sin siquiera darme cuenta.
Buenas noches.
<3

pues si que corre la creatividad por tus venas jajajaja
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menudo texto!! a mi tambien me gusta mucho tu blog:)
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