He salido, sí, sin embargo, no llevaba ni cinco minutos andando cuando he notado unas pequeñas gotitas de agua caer sobre mi cabeza. Notaba como se perdían entre los mechones de mi pelo. He seguido andando, la calle estaba totalmente vacía.
Me he cruzado con un chico que paseaba a un bulldog, travieso, ha salido corriendo a saludarme. Ha puesto sus patas sobre mis piernas mientras sacaba la lengua emocionado. He jugueteado con sus orejas hasta que su dueño le ha hecho volver con un firme "¡Jefe! ¡Ven aquí!" Jefe ha vuelto con él, meneando la cola de un lado a otro. El chico me ha regalado una sonrisa muy dulce acompañada de un "perdona, le gusta la gente nueva". He seguido andando, y he descubierto cosas sobre mi propio barrio que ni sabía. Hay cuatro colegios. Y he averiguado un atajo para coger el autobús. Hay hasta un pequeño bosque escondido. Como una especie de jardín encantado.
Las suaves gotas de antes, se han transformado en fuertes y amenazantes cuchillas de agua. No he parado de andar en ningún momento, dejando que la lluvia me calase. Iba notando como se colaba por la tela de los vaqueros, mojándome las piernas. Sentía la fría caricia del agua en mi cara, como las gotas se peleaban como en una carrera en mis mejillas para ver quién llegaba antes al suelo. El pelo empapado sobre la cara, los pies entumecidos y helados, las manos rojas del frío. La poca gente que pasaba me miraba como si fuera algún animal del Zoo. Echaba la cabeza hacia el cielo y me he sentido bien, muy bien; libre. De repente, ya no tenía preocupaciones. Me ha dado igual el estar hasta arriba de exámenes, o que en casa haya peleas, que las cosas no salgan como quiero que salgan. He dejado que la lluvia me inundase y ha sido genial.
Al final, he notado que había demasiada agua en mis botas y muy a mí pesar, he vuelto a casa. No he leído nada, obviamente, pero ya no me he sentido atrapada, prisionera de mí misma. Me he sentido libre. Y nadie me va a arrebatar ese sentimiento.

me gusta como escribes, sabio buho del bosque:)
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