jueves, 28 de junio de 2012

respirar...

...tan fuerte que se rompa el aire.

A veces, sientes que te ahogas. Precisamente que te falta el aire. Te sumerges en un mundo en el que nada tiene sentido.  Sientes agobio, casi miedo. "¿Qué hago ahora?" te preguntas en un intento de  entender la situación. Nada. No haces nada. 
Solo necesitas  escapar y liberarte.     
Meterte en una bañera llena de espuma,  leer un buen libro, 
hacerte un santuario con sábanas y con luces, descansar, dejarte llevar, 
ponerte los cascos y olvidar el mundo.



-Bonsoir damoiselle, tu est vraiment jolie. Tes yeux, et ta souri...
-Merci.
-Que-ce que tu penses de mariage?
-Non, merci.
-Pas vrai. Un femme comme toi doit être marié.
-Mais non! Pas mariage jusqu’à je suis 30.
(Il s'accroupit sur ​​ses genoux et attrape sa main doucement et laregarde dans les yeux).
-Veux-tu m'épouser?
-Quoi?! Pas mariage jusqu'à je suis 30!
-Eh bien, dans dix ans je vais aller en Espagne pour vous trouver et vous marier.
(Il prendre sa main et la baise. Il se lève, le sourire et il parte).




Mallorca 2012.

miércoles, 27 de junio de 2012

You Only Live Once. (YOLO. Never some letters meant something so true).
Shut me up
And I'll get along with you.

Mallorca.

Mallorca. Suena bien, ¿verdad? A mí suena como a un lugar paradisíaco. Mallorca. Mallorca. M    a    ll     o       r        c              a... Mallorca. Suena a Mediterráneo, a luz, a sol, a casas blancas en la costa, a mares en los que te metes y se te ven los pies, a peces de colores, a pieles morenas, y cabellos largos, a uñas pintadas y refrescos en la playa, a arenas blancas y suaves, a cervezas frías, a sangrías con hielo, a calas, a chiringuitos, a salsa, a rocas, a buena comida, a siestas largas... Suena a verano.

Una se espera eso y  mucho más, pero como todos sabemos, las cosas nunca salen como queremos o esperamos que salgan. En lugar de ese parador mediterráneo, nos encontramos con un aeropuerto hasta arriba de gente, un viaje en autobús maloliente de una hora, bordeando la costa a una velocidad peligrosa para el tamaño del vehículo acompañadas de señoras cotillas y niños llorones. Veíamos como en cada curva, el autocar se movía peligrosamente hacia la derecha, luego a la izquierda, y "¡Ohhhh!" y " ¡Ahhh!". Cuando por fin llegamos a nuestra parada, después de subir lo que nos pareció una cuesta infernal con 20 kilos  a cuestas, llegamos a nuestro hotel. ¿Y la playa? ¿Dónde está la playa? ¿No hay playa?. "Oh, si, mirad, si salís por la puerta principal y seguís andando, veréis unas escaleras, bajad y ahí la tenéis". Menos mal, había playa. Después de que el de recepción escribiese mi nombre en mayúsculas al lado de un "DEBE", y fuese catalogada como una morosa debido a problemas técnicos con mi tarjeta, dejamos las cosas y fuimos a comer.

Casi las tres de la tarde, seis chicas españolas y hambrientas con cara de emoción buscando algún sitio en el que comer. Nunca me hubiese imaginado nada como lo que vimos. Realmente te hace dudar de si todavía sigues en España. Piensas "hum, tengo cobertura española en mi móvil, y servicio de datos, así que debo de seguir en España... el recepcionista era español, ¿no?", pero luego miras a tu al rededor. Carteles en inglés, la bandera de Inglaterra por todas partes, en las tiendas y restaurantes te hablan en inglés. Los famosos "guiris" y "hooligans", paseandose por las calles de Magalluf. Tan rubios y tan morenos, tan fuertes y tan... ingleses. Chicas en bikini y con pestañas postizas intentando que entres en su bar. A falta de algo mejor, nos comimos un kebab. Acordamos encontrarnos a las 7 en el hotel, para ir a cenar. A las 7. El hotel era uno de ellos. Íbamos a tener que amoldarnos a los horarios alimenticios de los guiris.

Una oye Mallorca y se imagina una playa grande, de arena suave y sedosa, una arena que se escapa de la piel de forma sensual, un agua cristalina. Una playa grande y espaciosa. Eso era exactamente así, pero claro, a más grande, más gente acoge. Pilar y yo nos tiramos en la arena, con nuestras toallas, a dejar que el sol se hiciera con nosotras. Pronto empezamos a notar la sed. Se nos había olvidado el agua en el bolso de Mónica. ¿compramos una botella? El monedero también. "Puff, ¡qué calor! Ali anda ponme crema en la espalda". No hay crema. Ya son las 6, ¿jugamos a las cartas? Ah, que tampoco. Ahí estábamos. Las dos sentadas en la toalla, muertas de sed, sintiendo como nos convertíamos poco a poco en quemaduras. Observavamos pasar a la gente. A las familias con sus niños jugar en la orilla, las parejas pasear de la mano, los grupos de jóvenes, escuchar música o jugar a las cartas o a las palas. Al menos, nos pudimos rehidratar con el buffet de la cena del hotel.


Salimos por la noche, fuimos a los bares de la zona. Todos ingleses, todos borrachos. Al final conocimos a un grupo bastante peculiar, pero simpáticos. Volvimos a quedarnos Pilar y yo solas, reafirmando nuestra "coalición mujer-mujer".


Así, hemos pasado una semana. Despertándonos a las 10, desayunar, y volver a la cama, sobre las 2 despertar de nuevo y comer nuestros bocadillos de jamón y tomate mal hechos. Bajar a la playa, o andar los 20 minutos cuesta arriba que separaban nuestro hotel del resto. Dormitar, bañarnos, jugar a las palas, partidas de cartas, ir a pescar pulpos, tomando el sol, saboreando las frías cervezas. Volver al hotel, cenar y vaguear hasta la hora de salir por la noche. Y repetir la misma operación, día tras día. Sin prisas, sin agobios, sin obligaciones, sin nada que hacer. Hemos conocido a gente, los extranjeros te hablan, te suben la moral. Siempre que sales, te vas a llevar un "¡guapa!" mal pronunciado, o un "hola señorita". Puedes barajar los múltiples pretendientes con potencial para ser el amor de tu vida. 


Magalluf era un "paraíso turístico". Todo está pensado para los turistas. Solo hay enormes cadenas de hoteles inmensos que se comen el paisaje. Solo hay tiendas para turistas, especialmente extranjeros. Ha sido una de las mejores semanas de mi vida, y una genial forma de empezar el verano.


                             








"The cool, grey city of love."


jueves, 21 de junio de 2012

¿cómo afrontar las decepciones?

¿Cómo se afrontan las decepciones? Cada uno tendrá su manera, digo yo. ¿No? En dos días me he llevado dos de las peores noticias. Este año en general ha sido duro en ese sentido. Han ocurrido cosas para las cuales no estás preparada. En absoluto. Cosas terribles.Por un momento, esta semana he conseguido desconectar de prácticamente cualquier preocupación. Sin embargo, al pisar el suelo español de nuevo, me he dado cuenta, de que solo las había dejado apartadas. Digamos que había huido de ellas en un Sol Meliá de cuatro estrellas en primera línea de playa.

Al volver me he encontrado con que un familiar no muy cercano ya no estaba entre nosotros. Quieras que no, eso te tiene que afectar de alguna forma. Sobre todo si quienes viven contigo les ha tocado tan cerca. Para sentirme mejor, me fui de compras y me comí un helado de dos bolas más grandes que mis manos de tarta de queso. Helado y tarta de queso. ¿Qué más se puede pedir? Puede que sea esa la manera en la que yo ahogue mis penas. Invadiendo mi cuerpo de calorías, azúcares y grasas saturadas. No me importó absolutamente nada que tuviese fiebre, o que en cada tos pareciese que fuese a expulsar  los pulmones por la boca, o que me hubiese convertido en la mayor fábrica de mocos de todo el mundo y parte del extranjero. Me senté en un banco a saborear mi dulce pecado. Cielos, ¡estaba buenísimo! Intenté alejarme un poco, parecía que se habían congregado en esa calle todos los ancianos de Madrid, y ya se sabe que éstos en cuanto ven a un adolescente solo y con cara de confuso, van a soltarles el rollo. No digo que a veces no sea curioso y agradable, pero era uno de esos días en los que entablar cualquier tipo de contacto social con el mundo no es si quiera planteable.

Llegué a casa, me acurruqué en el sofá, me comí media pizza y me quede viendo Mujeres Desesperadas. Es lo que yo llamo pasarlo en grande. Quería acostarme pronto, a las 7 de la mañana colgaban las notas de PAU en Internet. No me ha servido para nada. Entre mi situación sanitaria y los nervios de saber la nota, he dormido fatal. Levantándome cada poco, con frío y luego calor, sudando y tiritando. Al final me he levantado a las cinco menos cuarto, me he tomado un vaso de leche con su buen regimiento de galletas María, he leído hasta las seis y he pensado  "bueno, solo me queda una hora, haré tiempo hastzZzzZzZz...". Exacto. Dormida. Totalmente dormida. A las diez y media he abierto un ojo justo para ver el mensaje de la amargura; mi nota de PAU. 7,147. No podía ser. He corrido al ordenador, para tristemente verificar que sí, sí podía ser y lo era. Le he llorado, gritado, insultado y maldecido al ordenador por un tiempo mínimo de una hora. Mi madre, en vano, ha intentado calmarme. Luego, me he ido a llorar a mi habitación, dejando las impolutas sábanas blancas llenas de mis lágrimas. He llorado en la ducha. En el coche. En casa de mi padre. En el sofá después de comer. ¿Cuántas lágrimas tenemos? Al parecer yo tengo muchas, porque sólo he dejado de llorar para comer.


Tenía claro que un poco de helado no iba a hacerme sentir mejor. Me he sentido ridícula y avergonzada. Sí, he sacado una mierda de nota en la Selectividad, pero no es el fin del mundo aunque ahora para mí lo sea. Sé que hay muchas otras opciones, aunque en estos momentos yo esté en plan "lo mejor que puedo hacer es ponerme a vender bragas en Hortaleza". Yo creo que eso se me daría bien, tengo una voz atractiva al parecer, sólo me falta fingir un poco el acento de vendedor deambulante, ¿qué tal así?: ¡NIIIIÑAAAAAA! PRESIOSA PERO MIRE UHTÉ QUE BRAGAH QUE TENGO AQUÍ, DE ALGODÓN PURO OIGA, ¡QUE NO RAHPAN! VAMOS MUSHASHA, MIRA BONITA SINCO BRAGAH POR DOH EUROH. Yo creo que lo hago bastante bien. Bueno, que esa no tenía que ser la moraleja de mi historia, si no que aunque no haya sacado la nota esperada, mi vida no se acaba aquí, de hecho, sólo acaba de empezar.